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Material descartable; Dibujos textuales

Ana Gallardo

(Buenos Aires, Argentina, 1958)
Uno de los puntos que mi trabajo propone es la manera de ejercer el arte como una herramienta testimonial, de transformación, política. Vengo abordando diferentes planos de la violencia de género, como la violencia en la ilegalidad del aborto y la violencia doméstica; las mujeres como armas de guerra; la violencia en el envejecer. Cada proyecto intuye su materialidad, lo tomo porque está ahí, a mi lado. Combina la necesidad y la urgencia de mis intereses.

Material descartable: Pared de perejiles / Agujas de tejer, 1998/2000

La violencia en la clandestinidad del aborto expone un problema de hipocresía de clase.

 

De abuso económico. De abuso de las religiones. De corrupción estatal.

 

Los objetos de la vida doméstica ponen el foco sobre las relaciones de poder que se esconden en eso que llamamos “vida privada”.

Estos objetos, materiales recurrentes en situación de urgencia, logran desarmar la fantasía de la felicidad femenina asociada al trabajo doméstico y al hogar.

 

Se convierten en armas, en material quirúrgico, son utilizados para interrumpir embarazos en la clandestinidad. De otro modo, dejan ver las maneras en que las mujeres, a lo largo de la historia, han logrado afirmar su deseo de no ser madres a pesar de la criminalización. Lo doméstico como ámbito quirúrgico, como herramienta política.

 

El perejil no se pudre, se seca, cambia de color, muta. En esa mutación contiene toda la memoria, y nuevamente se convierte en testigo.​

El aborto, libre y seguro, es un problema de salud pública.

Dibujos textuales. Carbón sobre pared, 2020

Comprendo el dibujo en carbón como una herramienta primitiva, primaria, prehistórica, de género, que da cuenta o da testimonios de la historia de la humanidad.

 

Me apropio de este lenguaje para proponer una práctica que visibiliza problemas de la vida de nosotras, las mujeres, incluyendo, por supuesto, fragmentos de mi historia personal. Testimonios de violencias contra nuestro género y los géneros diversos.

Percibo el dibujo como una herramienta popular, que genera un gesto urgido.

 

Dibujos en grandes dimensiones, un muro, muro negro, otra vez de carbón profundo.

Sobre el borde inferior se descubre un texto, que parece que sale de la obscuridad.

 

Letras pequeñas, escritas con goma de borrar, descubren un relato.

Esa ubicación obliga al espectador a concentrarse, a poner también el cuerpo, a bajar la cabeza, someter la mirada, y descubrir un testimonio aterrador de mujeres/niñas/ancianas, que relatan situaciones personales de las violencias a las que se han visto sometidas en guerras, en problemas raciales o de clase.

La mujer, la niña, la recién nacida, la anciana:

 

Armas de guerras. El negro es solamente carbón, no representa nada más que la materia, otra vez el cuerpo, el cuerpo quemado. Cenizas. Propone, entonces, posibilidades de resurrección. Nuevamente da testimonio.

Construye otra versión de la historia. El carbón hecho cuerpo, impide el olvido.

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