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El Tendedero en mi prepa

Mônica Mayer

(Ciudad de México, México, 1954)

El Tendedero es un proyecto que me ha regalado muchas sorpresas.

 

Algunas son difíciles, como enterarme que una profesora colocó un Tendedero en su cubículo y otra maestra le puso una queja ante la Comisión de Derechos Humanos porque estaba creando un ambiente hostil en su universidad. Pero las sorpresas por lo general son maravillosas. Les cuento de una de ellas.

En septiembre de 2018, me contactó Ana Sofía Esteva, una joven estudiante de la preparatoria de la Escuela Moderna Americana en la CDMX.

 

Me platicó que estaba haciendo un voluntariado en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y que hace dos años había visto mi exposición ahí y le había interesado. Ella y sus compañeros de la Sociedad de Alumnos estaban preparando unas jornadas con profesionales en distintos campos y me proponía ir a dar una conferencia y activar la pieza. Acepté de inmediato porque me conmueve que personas tan jóvenes quieran activar El Tendedero, pero también porque yo estudié los primeros 4 años de la prepa en esa misma escuela y mis recuerdos no son gratos.

Hacer un Tendedero en una escuela no es fácil porque todos se conocen y es difícil tener la privacidad necesaria para compartir experiencias dolorosas. Por otro lado, al ser una escuela, es posible que existan acusaciones directas a maestros o alumnos. Esto causa mucho ruido por posibles casos de difamación y muchas veces las autoridades, en lugar de apoyar a las alumnas, se ponen a la defensiva por el posible daño al prestigio de su institución y no hacen nada.

Como en ese momento también estaba planeando una activación de El Tendedero para la Trienal de Aichi en Japón*, y quienes estaban encargados de la curaduría temían que por cuestiones culturales de privacidad las personas no participarían por miedo a ser vistas colgando las respuestas, se pensó que una opción podría ser que éstas se metieran primero en una cajita y después alguien del museo las colgaría. La solución también me pareció adecuada en este contexto.

La idea funcionó muy bien.

 

Había instrucciones claras indicando que las respuestas debían ser anónimas y meterse en los buzones que prepararon para la pieza. Esto permitiría compartir respuestas muy dolorosas y que, en el caso de denuncias contra el profesorado, estas fueran enviadas directamente a la dirección de la escuela para que las investigaran.

Las preguntas que decidieron hacer para este Tendedero fueron:

 

  1. ¿Tú que has hecho para prevenir el acoso?

  2. Ventajas y desventajas de ser mujer.

  3. Ventajas y desventajas de ser hombre.

  4. ¿Cuál es tu experiencia con el acoso? ¿Te ha pasado o conoces a alguien que le haya pasado?

  5. ¿Qué opinas de los roles de género y su peso en la sociedad?

  6. ¿Has escuchado comentarios sexistas? ¿Cuáles? ¿Qué has hecho para prevenirlos?

  7. ¿Cuándo fue la primera vez que distinguiste roles de género? ¿Cómo ocurrió?

  8. ¿Qué opinas acerca de la discriminación a la comunidad LGBTQ+? ¿Qué has hecho al respecto?

Adaptable como es El Tendedero, como no se pudo hacer una estructura para las respuestas, éstas se colocaron en una serie de soportes sobre los muros, abarcando varios pisos.

La experiencia de regresar a mi antigua escuela fue espectacular.

 

El auditorio estaba a reventar y el público muy atento. De entrada les platiqué que mis recuerdos de la escuela no eran buenos porque en mis tiempos, predominaba una cultura hostil y el bullying era muy común. Lo que es más, ya de adultos se me ocurrió la pésima idea de ir a una de las reuniones de exalumnos y varios tuvieron a bien recordarme entre risa y risa que una de nuestras compañeras me había escupido a la cara y el maestro nada más se río. Jamás regresé a sus convivios.

Di mi plática sobre arte feminista y al final tuvimos una larga e intensa sesión de comentarios y preguntas. Me encantó enterarme de sus inquietudes, sus luchas y hasta los reclamos que le hacían a sus maestros de no sentirse escuchados. Fue un alivio sentir que, después de tantos años, por fin estaba en la escuela en la que hubiera querido estudiar o por lo menos con los compañeros que me hubiera gustado estar y, aunque sigo teniendo la fantasía de algún día encontrarme a la babosa que me escupió para hacerle lo mismo, la convivencia con estas nuevas generaciones me reconfortó y me reconfirmó que hay otras maneras de convivir.

En el archivo conservo la carta que me dio el director agradeciendo mi participación, pero lo que guardo en mi corazón es el cálido correo electrónico que me envió unos días después Ana Sofía, platicándome lo que habían significado para ella El Tendedero y la plática.

Mónica Mayer, 4 de septiembre de 2019.

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